Daniel Quintana, la muerte de un luchador

Por Miklo Rivera



Cuando Daniel Emiliano Quintana Gutiérrez murió tenía 16 años. El martes 24 de noviembre, aproximadamente a las 7 de la noche, el dolor abdominal, el vómito y la negligencia médica le quitaron la vida.

Daniel nació el 5 de marzo del 2004, en el Instituto Nacional de Perinatología de la Ciudad de México, media más de 1.82 mts, pesaba más de 90 kg y era un talentoso dibujante que soñaba con estudiar medicina.

De carácter introvertido, sensible y sumamente inteligente, había una carga que le ensombrecía la sonrisa: Su hermana Fátima Varinia Quintana Gutiérrez, de 12 años de edad, fue víctima de feminicidio en la comunidad de La Lupita Casasviejas en Lerma, Estado de México, el 5 de febrero de 2015. La atrocidad del asesinato, la injusticia como algo recurrente en las instituciones, la lucha diaria, marcaron las vidas de los integrantes de su familia. Incluso, su estancia en Nuevo León fue consecuente al desplazamiento que vivieron después de recibir amenazas y una lluvia de balas en su casa, durante el juicio oral de los feminicidas de Tatis, como le decían a Fátima.

A Daniel le gustaba estudiar, con el dolor a cuestas por la pérdida de su hermana, cursaba avante el tercer semestre de preparatoria en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Un alumno dedicado y con excelentes calificaciones, que no imaginaba un camino tan corto, una tragedia tan pronta y un llanto tan profundo.

Todo inició la noche del 22 de noviembre, Daniel llevaba 3 días con dolor abdominal severo, vomitando y tratando de recuperar la salud con bolos de suero y agua. Los cuadros de tres días de dolor, deshidratación y debilidad eran recurrentes: enfermaba, descansaba, se recuperaba y volvía a hacer su vida normal; todo esto estaba escrito en su expediente médico, pero fue minimizado por médicos y autoridades.

Esa noche, en un ataque de dolor, adelgazó visiblemente, no podía articular palabras y tenía los ojos surcados con prominentes ojeras negras. Ante la desesperación sus padres corrieron al al Hospital Materno Infantil de Guadalupe, en Nuevo León. Cuando Daniel ingresó a urgencias le dijeron a la señora Lorena Gutiérrez, su madre, y al señor Chucho Vega, su padre, que ya rebasaba la edad límite de 15 años siete meses, solicitada para atenderlo y los mandaron a otro hospital. Se trasladaron al hospital particular San Vicente, donde el médico les aseguro que el dolor, el vómito, la pérdida de peso y la mudez se debían a una crisis de ansiedad y, sin profundizar el examen médico, les sugirió llevarlo al Hospital Universitario de Nuevo León. Ahí lo admitieron sin dejar pasar a Lorena, a quién llevaron a un consultorio, donde insistieron en que era una crisis de ansiedad y que era necesario canalizarlo al Hospital Psiquiátrico de Nuevo León, para que le administrarán un ansiolítico y un antidepresivo. La señora Lorena insistió nuevamente en el malestar estomacal, no hubo valoración física, ni estudios, ni ningún procedimiento que descarta otro posible diagnóstico. Algo que, es sabido, debería ocurrir con cada caso que llega de urgencia a un hospital.

En el psiquiátrico pasaron el filtro de urgencias y les recibió un psiquiatra. Ingresaron a Daniel a un consultorio y se lo llevaron. Nunca le indicaron a sus papás los fármacos que le administraron, ni en qué dosis, ni bajo qué sustento clínico. La señora Lorena les habló nuevamente de los síntomas y también dictaron que era ansiedad. Daniel, débil y tambaleante, salió por su propio pie cuando fue dado de alta.

Le compraron Ensure por indicación médica, pero sólo tomó un par de cucharaditas. Aquella noche el señor Chucho pasó la noche a su lado, cuidándolo y llevándolo en varias ocasiones al baño. Daniel estaba tan sedado que no alcanzaba a llegar y se orinaba en el camino, por lo que le compraron pañales.

Al no ver mejoría, lo volvieron a llevar al Hospital Universitario al día siguiente y fue rechazado nuevamente. Los doctores de ahí le recomendaron un grupo de regresiones y sanación espiritual. La doctora comenzó a golpear con sus dedos el hombro de Daniel para que reaccionara, al tiempo en que le ordenaba despertar. La señora Lorena le decía que le dolía el estómago, pero no le creyó. Daniel estaba completamente sedado.

Al día siguiente, un médico particular fue a revisarlo y también insistió en la crisis de ansiedad. Les recomendó darle agua y bañarlo, y les dijo que volvería otro día. Para bañarlo el señor Jesús lo sentó en una silla con ayuda de su hijo Omar y su yerno, esposo de su hija Lupita. Dani estaba completamente desvencijado e hiperventilaba. Después de bañarlo, mientras lo secaban en la cama, se dieron cuenta de que ya no respiraba y le escurrió un hilo de sangre por la boca. Trataron de reanimarlo con masaje al corazón y respiración de boca a boca; Daniel comenzó a arrojar sangre por nariz y boca y luego, agotado, exhaló por última vez.

La señora Lorena y el señor Chucho, acusan negligencia médica a todos los doctores que atendieron a Daniel sin una valoración seria. Al momento ya existe una denuncia y una carpeta de investigación. También señalan que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del Estado de México (CEAVEM) cometió omisiones. Al momento de escribir estas líneas, aún no se les entrega el dictamen de la necropsia.

El miércoles 25 de noviembre, los papás de Daniel ni siquiera tuvieron tiempo de probar alimento en todo el día: Se la pasaron corriendo entre la Fiscalía de Nuevo León y el servicio forense, en espera de recibir el cuerpo. Supuestamente este sería entregado al mediodía, pero no fue hasta las 4 de la mañana del jueves 26 que pudieron llevárselo. La abogada Ximena UT, del OCN Feminicidio México, quien lleva la representación jurídica del feminicidio de Tatis, y el abogado Rodolfo Domínguez Márquez, defensor de derechos humanos, estuvieron todo el tiempo apoyándolos no sólo para agilizar los trámites, interponer las denuncias correspondientes y gestionar el traslado del cuerpo, sino también brindando contención emocional. Ambos llegaron a querer mucho a Daniel y la noticia les sacudió de la peor forma.

Finalmente, luego de una trayectoria de 12 horas, el cuerpo de Daniel llegó al Estado de México el jueves 26 a las 5 de la tarde con 27 minutos, para ser velado en la comunidad de La Lupita Casasviejas, donde crecieron él y Tatis jugaron juntos.

Cuando el cuerpo y la familia arribaron, ya había amigos y familiares esperando. Respetuosamente ayudé en todo lo que pude, y llevé un sutil registro fotográfico de lo sucedido, procurando no invadir.

El féretro de Daniel fue depositado por familiares en medio de lo que antes fuera parte de la sala de la familia Quintana Gutiérrez. En el lugar ahora se respira una doble soledad, parte por el desplazamiento que les obligó a dejar el bello hogar que con tanto esmero habían construido, rodeado de un hermoso bosque, con un jardín enorme, y un árbol aún más grande, donde Daniel y Tatis habían colgado su columpio, y parte por la ausencia de ambos, los más pequeños de la familia. Rodeando el féretro había cuatro cirios, detrás se colocaron dos enormes coronas, obsequio de la CEAVEM, y al frente un arreglo de proporciones considerables, por parte de la familia Darwish Romero, así como varios arreglos florales que los asistentes iban trayendo.

Aquella noche pocos durmieron o lo hicieron brevemente. El frío fue cruel con todos, pero aun así no tuvo comparación con el dolor de esta familia, que ha sido azotada dos veces por la tragedia. Durante la noche/madrugada se bebió café, se comió pan y se rezó un rosario en memoria y descanso de Daniel. Además de los familiares cercanos, y algunas viejas amistades, también acudieron personas que les han conocido luego de la infamia cometida contra Tatis; entre los deudos estuvieron presentes Magdalena Velarde, Juanita Pedraza, y Florencia Arellano, todas ellas madres de víctimas de feminicidio, algo que tristemente parece volverse costumbre en el Estado de México.

También acudieron a presentar sus respetos Liz Machuca y Malu Garcia Andrade, cuyas hermanas igualmente fueron víctimas de feminicidio; la doctora Brenda Rodríguez Aguilar, Coordinadora de la Clínica de Atención al Trastorno de Estrés Postraumático de Toluca, y un grupo reducido, pero sororo, de feministas. En todo momento hubo elementos policiales afuera escoltando.

La prensa arribó al día siguiente, antes del servicio religioso que un ministro presentó, ya que no se encontró a un sólo sacerdote disponible. Entre los periodistas que acudieron al llamado estuvieron Alma Ríos y Ramsés Mercado, a quienes respeto y admiro por la labor que hacen. Acordamos todos hacer una sola entrevista en conjunto, para no re victimizar a la familia Quintana Gutiérrez; luego de esta, y de dar el pésame, algunos de ellos partieron rumbo a Zolotepec, a cubrir el funeral de Angélica Sánchez Rodríguez, de 25 años de edad, también víctima de feminicidio.

Antes de subir el cuerpo a la carroza, los familiares se despidieron entre lágrimas, palabras no pronunciadas y bendiciones ungidas con agua y una flor blanca. Daniel era muy querido por todos y me causó especial consternación ver el cariño que los niños le profesaban. También el sufrimiento de sus hermanas, Lupita y Jimena, y de su hermano Omar, fue en todo momento visible y tan terrible que era casi palpable. Finalmente, cerca de las 3 de la tarde, partimos en caravana rumbo al panteón de Las Rajas Huitzizilapa, donde descansan también los restos de Tatis. Éramos 70 personas, repartidas en nueve coches, tres camionetas y un camión. Entre los habitantes de La Lupita y Las Rajas se acostumbra despedir a los niños con cohetes, de esos que suben silbando al cielo, y los dos días que estuve con ellos, velando a Daniel, fui testigo de aquel colorido ritual funerario. El trayecto y arribó al panteón estuvo también acompañado de fuegos artificiales.

Daniel fue depositado suavemente bajo tierra, para descansar en paz junto a Tatis, cerca del lugar que les vio crecer, jugar, y reír, donde amaron y fueron amados.

Tristemente, luego de dejar a sus dos bellos y dulces niños en aquel apacible lugar, la familia Quintana Gutiérrez tuvo que partir rumbo a un nuevo desplazamiento fuera del Estado, el tercero, y prepararse para todo lo que viene relativo a las causas de muerte de Daniel, así como al próximo juicio oral del último de los asesinos de Tatis que aún no ha sido sentenciados. Con todo el amor, respeto y admiración que siento por esta familia, no puedo evitar preguntarme ¿Hasta cuándo habrá de terminar su sufrimiento?

Para quien desee apoyar con los gastos que en este momento requiere la familia Quintana Gutiérrez, comparto dos cuentas que ellos, a solicitud mía, directamente me proporcionaron:

Lorena Gutiérrez Rangel:

Número de cuenta 85010109687120

Clabe 127462001096871200

Tarjeta 4027660911042200

Banco Azteca

Jesús Omar Quintana Gutiérrez

4169160381792978)

Coppel

Apelo a la ética de quienes lean este texto para que al compartirlo, o extraer fragmentos de información, no olviden el crédito correspondiente (ante el constante plagio de mis textos y fotos, incluso por parte de diversos medios de comunicación, me he visto en la necesidad de agregar marca de agua a estas últimas).o aquí...